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Vikingos, saqueando y conquistando en familia

Corría el siglo IX y en el norte de Europa hacia mucho frió (más o menos como ahora, pero sin Internet ni calefacción), así que poco había que hacer. Probablemente esa fue la principal razón que llevó a Ragnar Lodbrok a viajar hacia el Oeste… Debía aburrirse mucho, y gracias a ello hemos podido disfrutar de una de las series más entretenidas de la década. Hoy SALIMOS DEL MICROONDAS para hablaros de Vikingos.

En primer lugar vamos a dejar claro una cosa: por mucho que tras este proyecto esté History Channel (en lo que fue una de sus primeras producciones de ficción del famoso canal centrado en documentales históricos), cualquier parecido con la realidad es casi pura coincidencia. Comenzando por el propio Ragnar, un rey que muchos historiadores consideran mitológico y cuyas hazañas parece que fueron realizadas por otros guerreros, como los hechos históricos que en la serie se relatan y que, si bien son “reales”, no sucedieron siquiera de manera parecida. Pero… ¿sabéis qué? Que nos da lo mismo, porque la serie es tremendamente entretenida.

Durante las 4 temporadas en que se ha emitido, hemos visto el ascenso de un agricultor con aires de explorador hasta convertirse en el guerrero más temido de toda Europa, siempre acompañado de sus amigos y familia, no solo luchando como una verdadera bestia parda, sino también maquinando como el mejor de los estrategas. Y es que uno de los puntos importantes que nos enseña Vikingos es la diferencia entre este Ragnar -un tío con visión de futuro y mente diseñada para la estrategia militar y la política- y el resto de guerreros vikingos que, en esencia, lo único que quieren hacer es beber, conquistar, saquear y hacerse millonarios en verano, para luego beberse las ganancias con los colegas en invierno y morir joven para así llevar un bonito cadáver al Valhalla y tal… Más o menos una vida de estrella de Rock pero con cascos, escudos y espadas.

Ahí radica principalmente uno de los problemas de Vikingos, pero es un problema tan pequeñito que casi no nos importa: estos nórdicos son demasiado ‘majetes’. Sus incursiones son casi como pidiendo permiso… “Buenas tardes señor granjero, ¿permitiría usted que le robara todas sus propiedades y matara a toda su familia?”. Pues eso, que muy poquitas salvajadas vemos en pantalla, aunque también es comprensible si pensamos que se trata de un producto de consumo casi para todos los públicos.

Y si bien este es el punto negativo de la serie, el positivo son los personajes. Porque absolutamente todos tienen algo que te hace desear acompañarles por el océano para luchar en lejanas tierras. Desde Lagertha, una guerrera vikinga de esas que es mejor no encontrarte en medio de una batalla si estás en el bando contrario, a ese armario empotrado de tres puertas que es Rollo, cuyo personaje te hace amarlo, odiarlo y volver a amarlo y odiarlo ochenta veces a lo largo de la serie. Pasando por Floki, el constructor de barcos completamente devoto de los dioses nórdicos que haría todo por Ragnar, menos renunciar a ellos…

Vikingos es una serie que si bien mucha gente opina que nació a rebufo de Juego de Tronos, tiene su propia personalidad y una legión de fans en todo el mundo que esperan como agua de mayo el estreno de una 5ª temporada que, si todo va bien, veremos a finales de este año o principios del que viene.

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