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Las Chicas del Cable, la primera serie española de Netflix

Este último fin de semana las Popitas nos pusimos manos a la obra para vernos casi de un tirón la nueva serie de Netflix producida en España. Una creación de la productora Bambú –responsable, entre otras, de Velvet-, que ha conseguido una imagen de marca muy característica que han querido continuar en esta nueva apuesta. Hoy SALIMOS DEL MICROONDAS para hablaros de Las Chicas del Cable.

Este nuevo producto Netflix ha venido precedido de una gran expectación, en primer lugar era la primera vez que se producía un estreno simultaneo de una serie nacional en todo el mundo y, además era la primera serie cien por cien producida por la distribuidora, a lo que incluimos un reparto plagado de caras conocidas y el sello de Bambú. Todo ello mezcladito con una entrevista en un conocido programa que llenó de polémica las redes sociales durante varios días y, sobre todo, una campaña de publicidad muy bien llevada que ha culminado con el magistral anuncio con motivo de la gala de Eurovisión que fue, sin duda, lo mejor de una noche que preferimos olvidar, gallo incluido.

Pero… ¿qué nos encontramos en la serie? En primer lugar, ya os avisamos que si no os gustó Velvet u otras producciones de época similares, nuestro consejo es que os mantengáis alejados de esta nueva propuesta. Pero, si como nosotras, disfrutáis de la ambientación de las tramas y, sobre todo, de las geniales historias secundarias que plagan cada episodio, Las Chicas del Cable os gustará, sin ningún género de duda.

La serie nos lleva a los años 20 españoles donde la compañía de teléfonos (no la llaman por su nombre real, imaginamos que por temas de derechos) acaba de abrir su sede en uno de los primeros rascacielos españoles en Madrid. Allí, se encuentran un grupo de chicas para trabajar de telefonistas. Cada una representa un personaje estereotipado: la joven de sociedad con conciencia feminista y sufragista, la ama de casa con un marido digamos que no muy de fiar que lucha por ser independiente en un mundo de hombres, la típica chica inocente de pueblo y la protagonista, una mujer que está tratando de escapar de un pasado cuanto menos incómodo. Este personaje que interpreta Blanca Suárez es precisamente el menos creíble, pero sus historias son necesarias para crear el principal nudo argumental y, sobre todo, la típica historia de amor imposible que nos recuerda mucho, pero mucho, a Velvet.

Y es que siendo un poquito malas, podríamos decir que estas Chicas del Cable es un Spin Off de Velvet pero 30 años antes, donde los jóvenes bailan charleston a ritmo de Rap (y aquí, lo sentimos mucho, pero eso queda fatal) y cuyas galerías han sido sustituidas por el edificio en el que transcurre gran parte de la acción. A parte de eso, el vestuario y la ambientación está, como siempre, elegido con mucho gusto y cuidado, por lo que los amantes de la época lo disfrutaran. El problema es que nos quedamos con cierta sensación de oportunidad perdida, aunque lo que parece que nos va a traer la segunda temporada podría arreglar, y mucho, la serie.

Con todo, estamos ante un buen aprobado en esta primera incursión nacional en la ficción de Netflix y, lo que es mejor… con episodios de 55 minutos, que es lo normal en una serie. A ver si cunde la idea y nos dejamos de una vez de los 70 aburridos minutos de las series españolas.

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