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Venganza no es una película, es un videojuego

“No se quién eres, pero si no sueltas a mi hija te buscaré, te encontraré y te mataré.”

Ésta podría ser, con diferencia, la frase mas recordada de una de las películas europeas de la pasada década. Hoy la cosa irá de venganza, y es que salimos del microondas para hablar de una teoría que tenemos las Popitas: ¿Es Venganza una película o es en realidad un videojuego?

Quizás estés pensando que nos hemos quedado un par de minutos de más en el microondas y se nos ha ido un poco la pinza, ya que claramente es una película. Con sus actores, su director y todo eso… y aunque nosotros también vemos claro eso que decís, nos hemos dado cuenta también de que, en realidad, la historia es la típica que contaban las máquinas arcades de los ochenta y noventa en las que te dejabas la paga semanal (sí, aquellas en dos dimensiones).

Comenzamos nuestra teoría con el protagonista, Liam Neeson, un tío casi normal pero que, sin embargo, es un ejército por sí solo, casi como cualquier protagonista de videojuego como el Metal Slug o el Dragon Ninja. Pero claro, como en los videojuegos, hay que justificar por qué nuestro protagonista va por ahí pegando leches a diestro y siniestro con todo el que se encuentra. Es aquí donde entran la madre y la hija. Bueno, mejor sólo la hija porque la madre, además de caer gorda, apenas sale unos minutos… Mirad, otra similitud con un videojuego: la escena inicial.

Como en los videojuegos Venganza tiene una escena inicial bastante rollo, con barbacoa masculina y cumpleaños adolescente y en la que se intenta explicar que este hombre quiere mucho a su hija y todo eso. Una escena que se hace muuuuuuuy larga, ya que lo que queremos es que la cosa se ponga interesante. Por fin, tras unos 15 minutos que no se acaban nunca secuestran a la hija y Liam dice su famosa frase. Entonces comienza lo bueno, ¡la primera fase del videojuego!

En la primera fase nuestro héroe llega a París, donde han secuestrado a su hija. Nos encontramos primero ante un juego de esos de investigar, pero por suerte dura poquito porque llega enseguida al monstruo de final de pantalla en el aeropuerto. El chico que las secuestró y un esbirro ‘random’ que también cae pronto. Vamos, como en los videojuegos, la primera fase es sencilla de pasar.

Segunda fase: ya sabemos dónde retienen a las secuestradas y lo sabemos gracias a la cinemática, donde habla con un chulo y le pone un micro. Esta fase es mucho más difícil… El monstruo final se complica porque hay que hacer un combo de conducción y puntería, y así pasamos a la fase tres, tras otra cinemática.

Esta fase es un clásico. Se trata de la típica fase de ir matando enemigos uno tras otro en una casa hasta llegar al malo final que, por cierto, es un poco ‘chof’ y se acaba pronto. Otra decepción, la princesa tampoco está en ese castillo, pero descubrimos la próxima pantalla.

Y llegamos a la última fase del juego, digo… de la película. Volvemos al clásico ‘golpea y sigue’, pero esta vez en un barco. Por fin, después de matar a un montón de “masillas” llegamos a un malo final de los de verdad, de los que suponen un reto y terminamos el juego con una pelea genial con puñetazos, disparos y cuchillos. Finalmente rescatamos a la chica y, tras otra pantalla insulsa animada que también se hace larga, acaba la película.

Y ahora que nos decís, ¿es o no es un videojuego? Si no lo veis claro, os recomendamos volver a ver la película acompañados de unas Popitas, y luego nos contáis…

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