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Top Gun, cine ochentero de altos vuelos

Corría el 1986 y el cine se había convertido en algo glorioso. En los dos últimos años todo había cambiado: diversión, efectos especiales, humor… todo ello invadía semana tras semana las salas de cine de todo el mundo. Pero aún estaba por llegar uno de los momentos MÁS GRANDES de los ochenta, el estreno de una peli que ha pasado a la historia y de la que, un montón de años después, parece que va a hacerse una segunda parte (que Dios nos coja confesados). Hoy salimos del microondas para hablaros de Top Gun.

Una cinta que podríamos catalogar como la primera película cien por cien MTV. Y es que todo en ello era un gigantesco video musical: desde las sonrojantes escenas de amor hasta el desfile de guapos sudorosos y aceitosos jugando al voley, pasando por los geniales combates de los cazas más modernos del mundo a ritmo del rock más ochentero. Y pese a todo ello, la peli es una chulada de las de comerse cinco kilos de Popitas sin darte cuenta mientras ves las hazañas de ese Maverick interpretado por Tom Cruise.

La historia de la cinta es simple: un grupo de los mejores pilotos de caza de combate de la marina de los Estados Unidos son reclutados para formarse en una de las escuelas de pilotaje más importantes del mundo. De allí salen los Top Gun, la élite, lo mejor de lo mejor, pero es que entre clase y clase y vuelo y vuelo, Maverick tiene tiempo suficiente para enamorarse de la psicóloga del grupo, que le ayudara a enfrentarse a su mayor problema: su temeridad. A todo esto, por allí pulula también Val Kilmer en modo sex symbol, el malo entre comillas. Y decimos entre comillas porque, claro, él es de los buenos pero va en contra del bueno principal, que es nuestro amigo Tom.

La película fue un éxito de tal tamaño que la cantidad de gente que se apuntó al ejército tras verla aumentó de manera exponencial, y es que en esencia la película era justo eso, un anuncio de reclutamiento de dos horas lleno de patriotismo y que, encima, servía como muestrario de lo que guardaban los americanos dentro de un portaviones. No obstante, el ejército norteamericano dio todas las facilidades del mundo para que Tony Scott y todo el equipo de producción pudieran trabajar y hacer, básicamente, lo que les diera la gana. Una de las ventajas, suponemos, de que el presidente de Estados Unidos en esa época fuera un actor, un actor malo, pero actor al fin y al cabo.

Entonces… ¿por qué razón hay que volver a ver esta “joyita”? Pues porque, a pesar de todo lo cutre, un guión tirando a simplón y a unas actuaciones dignas de la mejor obra de instituto norteamericano, estamos ante una película que es puros años ochenta y, además, protagonizada por Tom Cruise, y nada en lo que esté involucrado Tom Cruise puede ser malo… Bueno, está Legend, pero todo el mundo tiene un borrón en su carrera.

Por eso os recomendamos que antes de que se estrene la secuela, que contará con la participación de Cruise retomando a su Maverick, no dudéis en disfrutar de esta película. Y si se te queda un poco espesita, pues te pones Hot Shots, que viene a ser lo mismo pero con Charlie Sheen y encima, vas y te ríes.

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