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El reestreno de TERMINATOR 2, un peliculón con mayúsculas

Esta pasada primavera se estrenó el tráiler de… Terminator 2 el Jucio final. Bueno, reconocemos que decir que estrenaron el trailer es un poco extraño, pero es así, ya que este verano se reestrenará en los cines este clásico de la ciencia ficción que lo cambió todo y que, además, volverá en 3D. Por eso Hoy Salimos del Microondas para hablaros, claro, de Terminator 2.

Corrían los primeros años noventa y James Cameron era ya un director bastante reconocido. Y qué decir de Arnold Schwarzenegger, que había pasado de ser ese casi desconocido y enorme culturista al que apenas se le entendía cuando hablaba, a ser ese famoso y enorme culturista al que apenas se le entendía cuando hablaba pero que hacía películas de tiros alucinantes. Por eso, estaba claro que se iban a reencontrar en una segunda parte de éxito que les llevó a ambos a la fama mundial: la secuela de Terminator, el film de 1984 en el que una máquina del futuro viajaba en el tiempo para matar a la madre del jefe de la resistencia humana antes de que naciera. Para evitar esta muerte, otro humano era mandado al pasado y, bueno, ya sabéis el resto… Flechazo intertemporal, paradoja que te crió, y terminator aplastado por prensa hidráulica. Vamos lo que viene siendo un peliculón.

Así que Cameron, que como ya hemos dicho manejaba billetes con carretilla, decidió meter mucha pasta y revolucionar el mundo de los efectos especiales en lo que sería la segunda parte de Terminator. Para ello, quería desarrollar los efectos hechos por ordenador -que ya presentó en Abyss- para crear el T1000, el malo de la película. Porque, claro, íbamos a tener segunda parte pero Arnold no podía volver a ser el malo de la historia, es lo que hay. Él era una estrella y tragó con lo de ser el malo de la primera para trabajar en ella pero ahora no… Arnold ya era un grande y podía elegir.

La historia de T2 era simple: cogemos T1 y cambiamos al humano por un terminator y a Sarah Connor por Sarah Connor en modo ciclada y añadimos a un niñato que en teoría tiene 9 años (pero que cuenta con algunos más) y va en moto. Un niño que lo ves y a los dos minutos de su aparición ya estás deseando que el policía le pegue dos tiros y alivie nuestro sufrimiento. Pero ahí llega nuestro Arnold, parco en palabras, para hacer de guardaespaldas en modo épico. Y a partir de ese momento comienzan dos horas de tiros, persecuciones y efectos especiales tremendos, que por aquel entonces nos dejaron con la boca abierta pero que ahora puedes ver un cualquier video de boda. Pero sobre todo, nos quedan un montón de apariciones de los dobles de acción de los actores. Y es que en esta época aun no les cambiaban las caras digitalmente y, claro, ciertos planos cantan por soleares.

En conclusión, una de las mejores películas de los noventa y una secuela de las buenas de verdad. Llena de momentazos y frases célebres que se han incorporado al lenguaje popular. Confesémoslo, todos hemos dicho en alguna ocasión “Sayonara Baby” o incluso la versión original que, curiosamente, era en español: “hasta la vista baby”. Una película que os recomendamos volver a ver y, si podéis, en pantalla grande que es como realmente la vais a disfrutar. Y con unas Popitas, ¡por supuestísimo!

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