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Gremlins, la película navideña definitiva

Se acercan las Navidades y el mundo se llena de bolas de cristal, árboles adornados y luces por doquier. Pero también ocurre otra cosa, llegan a las carteleras de todo el mundo las esperadas películas navideñas. Vamos a hablar de una de ellas, aprovechando que este año se reestrena en los cines de medio mundo. Hoy SALIMOS DEL MICROONDAS para recordar a los Gremlins, una cinta navideña… diferente.

Hay un lugar común en todos los estrenos típicamente navideños que nos llegan año tras año. Esa idea del espíritu de la Navidad, un optimismo que nos asegura que, por muy mal que lo pasen los protagonistas, al final todo se solucionará en familia. Pero eso fue precisamente lo que la película de Joe Dante tiró por tierra: Gremlins iba a ser la película de Navidad más extraña de la historia.

Para empezar, se estrenó a nivel mundial en verano. Mientras que en la pantalla se escuchaban villancicos y se veían bellos parajes nevados, cuando salías del cine había 40 grados. Dicen las malas lenguas que se adelantó el estreno a propósito, ya que la historia muy buen rollera no era. Y eso que el guión original, mucho más gore y sangriento, se varió para que el adorable Gizmo fuera más asequible para todos los públicos.

La historia de los Gremlins la conocemos todos… Un padre ausente que le regala a su hijo una extraña mascota cuyo cuidado se basa en tres sencillas reglas: no mojarlo, no darle de comer después de la medianoche y, sobre todo, que no le dé la luz del sol directamente porque le mataría. Y claro, darle tres normas a un adolescente es como empujarle a que las rompe, aunque sea por error. Tras mojarlo (era inevitable), vemos cómo el adorable Gizmo se multiplica pero, las cosas como son, digamos que sus clones no eran del todo adorables y, claro, ellos mismos hacen por comer tras la medianoche, lo que les convierte en los terribles Gremlins. Unos seres con un único objetivo, el caos y la destrucción, liándola parda en aquel pequeño pueblo. Todo ello, con la Nochebuena de fondo.

Pero no nos equivoquemos, todos recordamos las risas y las bromas de los Gremlins pero se nos olvida que en esta cinta navideña tenemos mutilaciones, asesinatos crueles, descuartizamientos, etc. Pero todo de una forma que sólo en los años ochenta se podía hacer: mezclándolo con humor y una dosis de aventuras para toda la familia. Estamos, eso sí, ante una película que hoy en día nunca llegaría a las salas del cine y, si lo hiciera, lo haría con el “mayores de 18” estampado bien grande en el póster. Sin embargo, toda una generación vio esta cinta cuando eran niños y no han salido tan mal… ¿o sí?

Pero si hay un mal rollo navideño en esta película es, sin duda, la increíblemente inquietante historia de la muerte del padre del protagonista. La navideña imagen de un padre vestido de Santa Claus bajando por la chimenea con los regalos, era convertida por la perversa mente del guionista, Chris Columbus, en un abandono, un cuello partido y un Papá Noel pudriéndose en la chimenea durante semanas. ¡Y esto era casi una película infantil de Navidad!

Por esta y muchas más razones las Popitas os animamos a que veáis de nuevo Gremlins con los ojos de un adulto y que lo flipéis mucho con su historia. Y, a ser posible, la veis también en el reestreno en cines, acompañados por nosotras 😉

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